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Es un misterio saber qué templos hubo en la Vega, aunque por los libros de sacramentales y por las noticias de explotación de pastos (Archivo de Piedrahita), puede apuntarse que ya existiría un templo en el siglo XV, que debió ser reformado o rehecho en una actuación que termina en 1622, que es arrasado por un incendio en la media noche del 23 de agosto de 1685 y que sobre el mismo se levantó el actual entre 1766 y 1770 por el arquitecto Ceferino Enríquez de la Serna realizando la parte alta de la capilla mayor, la reparación de fajones y contrafuertes, el pórtico del mediodía y una nueva cubierta, así como la antigua torre parroquial recreciéndola. De todo ello sabemos por el libro de fábrica, así como una serie de legajos encontrados en el Archivo Diocesano de Ávila.
Emplazada en un terreno irregular y limitando el pueblo hacia el mediodía, respeta la tradicional orientación litúrgica este-oeste, acomodándose al terreno mediante un muro de contención.
De planta sencilla, consta de una cabecera casi cuadrada de testero plano y una única larga y alta nave compartimentada en cuatro tramos. Como elementos añadidos están: la torre, una sacristía adosada a la cabecera en el lado sur con una puerta adintelada cobijada por un arco escarzano abocinado y una curiosa puerta hacia el exterior. Un pórtico a modo de solana se cierra entre la sacristía y un torpe almacén para el templo, apoyado sobre cinco columnas de granito.
Por su lado norte, una escalera flanqueada por columnas rechonchas sirve de acceso a el atrio. Exteriormente, presenta fábrica de sillería en la cabecera y contrafuertes y de mampostería en los muros de la nave. Una cornisa de papo de paloma unifica los aleros.
Adosada a los pies de la Iglesia se levanta una torre campanario, cerrada, de planta rectangular dividida en tres cuerpos y rematada por una pequeña espadaña. El campanario recrecido, se organiza en seis huecos de campanas, dos en los lados largos perpendiculares al eje y uno en los cortos o lados paralelos al eje y un esquilón parcialmente cegado en el cuerpo alto. Este último cuerpo se hace de mampostería salvo el dovelaje de los arcos del campanario labrado en sillería. En el interior de esta torre se embute descentrada una escalera de caracol con peldaños de granito.
En el segundo tramo de la Iglesia se abren al norte y al sur dos puertas de hueco rectangular con sillares dentados que se despiezan.
Ya en el interior en el primer tramo se levanta una tribuna de reciente construcción que sustituye a la primitiva desaparecida en los años sesenta y a través de la cual se acede a la escalera de caracol de la torre.
A través de un arco de triunfo de medio punto la nave comunica con el presbiterio sobreelevado, cubierto con bóveda vaída muy rebajada. La nave única divide sus cinco tramos con fajones de medio punto sobre responsiones apilastrados, y sobre ellos una bóveda de cañón con lunetos en los que se abren huecos de iluminación en los tramos alternos; dichos vanos rectangulares están abocinados con derrame interno.
Adosado a la embocadura del toral se dispone un púlpito de piedra en el que se ha labrado la base y el arranque de la escalera al que le faltan los antepechos, sustituídos por una sencilla forja. Está formado por pretil sobre mensulón avenerado y debe ser del templo del XVII. Mientras que en el lado de la Epístola destaca en su pedestal una estatua ecuestre barroca de S. Martín que parte su capa para entregarla a un pobre como manda la hagiografía.
La pila bautismal decora el exterior de su vaso con incisiones a modo de veneras, s. XVI, así como las pilas de agua bendita que se conservan embutidas en los responsiones que separan el segundo y el tercer tramo.
Toda la Iglesia es lugar de enterramiento y el actual pavimento parece ser del siglo XVIII.
En las paredes norte y frontal de la capilla mayor aparecen unos arcos de descarga para desviar los empujes laterales.