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El río Alberche

Ermita de los Dolores o de la Piedad

Estaba situada en lo alto de un cerro a 1800 m. de altura, al noroeste del pueblo y a unos tres km., las fiestas patronales en su honor se celebraban el 15 de septiembre. La historia del monumento es la de su triste ruína y hoy sólo quedan de ella los arranques de algunos muros y una memoria documental que permite decir lo que fue.

Según los libros de cuentas y demás que se encuentran en el Archivo Histórico Diocesano de Ávila, la ermita debió edificarse a principios del siglo XVI, (también la talla de la Virgen de la Piedad que se encuentra en la Iglesia parroquial actualmente es de esa fecha y bien pudiera ser la que se encontraba en la ermita.)
La ermita contaba con una nave central y capilla abovedada para el camerino de la Piedad, así como tres retablos (Nuestra Señora de la Piedad, la del Rosario y del Santo Cristo), se sabe también que contaba con tribuna y artesonado.
En 1760 se levantó el hastial de poniente con una espadaña y campana. Sin embargo , según una serie de legajos cortos, en ese mismo año de 1760, Juan González del Castillo, cura propio de la parroquial de San Martín de la Vega, firma la reedificación y condiciones de el ábrego con Joseph y Domingo, maestros de cantería y mampuesto y la regulación del coste principal de los materiales que hicieron bajo juramento, ante el inminente peligro de hundirse. Junio, 24 de 1760.
No obstante, ni los arreglos a los que estamos aludiendo y otros posteriores, hay que pensar que debido a la gran altura a la que está situada, las inclemencias del tiempo por estos lares, así como su exposición por los cuatro costados en la cima de la montaña, acabaron con ella en el suelo allá por 1842 aproximadamente.
En cuanto a las dependencias, se sabe que tenía vivienda su cuidador, así como otras propiedades como tierras, prados y ganado, según se desprende no sólo de los distintos inventarios, sino, del propio catastro de Ensenada donde queda expuesto detalladamente.



En sus aledaños se encontraba la plaza de toros y toriles (aunque muy deteriorados se conservan en la actualidad), ello viene a confirmar la tradición de ese doble e imprescindible sentido de las ermitas. De un lado el apartado religioso con el camerino de la Virgen, y de otro el marco de la diversión y del ocio representado con la fiesta de los toros y que además servía a un fin económico con la recaudación de los asistentes al espectáculo.
Parece que debió construirse al tiempo de la ermita , a principios del siglo XVI.