Logotipo      
   
Localización Pueblos Rutas Parque Regional
Lugares de interés Ofertas Noticias Enlaces
   
   
Gredos
Norte
   
   
Alojamientos Turismo Activo Restaurantes
Servicios Públicos Teléfonos de interés Mancomunidad
   
           
Alojamientos
Bares y cafeterías
Empresas de servicios
Festejos
Historia
Mapas
Restaurantes
Rutas
Servicios Públicos
Turismo Activo

Introducción El bandido maragato

S. XIX y XX

Arquitectura

Iglesia

Arquitectura

Su arquitectura, por ejemplo, merece especial atención, así lo pude comprobar en los libros que sobre Arquitectura tradicional de Castilla y León (de Félix Benito) publica la Junta de Castilla y León y en mis visitas a esta localidad.
Así recorriendo el Alto Alberche nos encontramos con Cepeda de la Mora y con sus construcciones anónimas que reflejan el modo tradicional de sus habitantes en el antes y en el ahora, interesándonos aquí en esas construcciones mas antiguas por ser fiel reflejo de una arquitectura muy singular y adecuada al medio que nos sirve como referencia para saber lo que fueron los habitantes de Cepeda.

Estamos hablando de un patrimonio cultural que se manifiesta no en grandes obras sino en la arquitectura doméstica que se integra y transforma el paisaje por medio de la mano del hombre en una íntima integración en el entorno y en el paisaje, ayudando de esta manera a valorarlo como un bien cultural en su sentido más profundo, siendo de esta manera un testimonio único de la identidad de las gentes de Cepeda de la Mora que la han construido, permitiendo a los habitantes de hoy sentirse orgullosos no solo de sus costumbres sino también de sus valores.

Es Cepeda de la Mora otro núcleo de baja densidad en la zona que conocemos como piedemonte septentrional del sistema central, más concretamente en las inmediaciones del nacimiento del Alberche, con edificaciones con corral delantero, puesto que estamos hablando de un núcleo ganadero de sierra con edificaciones que a diferencia de las localidades cercanas, aquí llegan a tener dos alturas.
Es por tanto un modelo ganadero que orienta sus corrales de entrada hacia el sur-sureste, con tapia baja o de media altura y acceso a través de grandes portones, que constituyen, el elemento arquitectónico mas característico en la imagen de Cepeda de la Mora. A través de ellos se entra y al fondo se encuentra la vivienda que se cubre a doble vertiente con grandes faldones y aparece adosada por las medianerias. Los aparejos de los muros muestran una depurada técnica, a base de mampostería concertada, casi a hueso, con pequeños ripios que sirven para calzar o acuñar las grandes mampuestos. En los tipos mas elaborados o evolucionados, este mampuesto se convierte casi en sillarejo, de tal modo que los muros lucen superficies de gran calidad constructiva.

En algunos casos los muros laterales se prolongan hacia el patio-corral y avanzan un metro o algo mas sobre la línea de fachada; sobre ellos apoya un travesaño o solera que sirve de vuelo al tejado. Se crea así un pórtico delante de la fachada bajo el cual se sitúan los poyetes de granito a ambos lados de la puerta y la parte mas domestica del corral (pilas de abrevar animales, las escaleras de madera para las gallinas).
El carácter introvertido de la construcción contrasta con el único elemento significante de esta arquitectura, que suele ser el portón de acceso al corral, con un carácter de verdadera monumentalidad.
En lados del corral se encuentran las cuadras, gallineros y espacios para otros animales. El ganado de tiro, antes, se cobijaba bajo el mismo techo que la vivienda.

La vivienda tipo constaba de un pasillo lateral que distribuye a la cocina, con su gran chimenea, y a alcobas, con algún cuarto almacén en el fondo de la edificación.
El granito es el material dominante, prueba de ello son las clásicas y populares canaletas, aunque también se pueden observar casetas de corral con cubierta vegetal de piorno. Las fachadas traseras, son recayentes a la vía publica y ostentan muros con escasez de huecos, entre los que destacan los vanos de alimentación del pajar.

Su singularidad no presume, solo se deja admirar, quizá su sencillez la hace bella, incluso sugerente, pero esto no es para contarlo, sino para vivirlo en Cepeda de la Mora.